Hoy Zapatero se ha ido a un desayuno de oración con Obama. Supongo que habrá ido por lo del desayuno, que los yanquees desayunan muy requetebien, porque por lo de la oración no creo que haya sido. Y el caso es que el Presidente, agnóstico y laicista, que se dice él, se ha crecido en lo de la oración y ha tomado la palabra para citar unos versículos del Deuteronomio, concretamente el 14 del capítulo 24:
No oprimirás al jornalero pobre y menesteroso, ya sea de tus hermanos o de los extranjeros que habitan en tu tierra dentro de tus ciudades.
Bien. Muy solidario y tal.
Mola ese libro, el Deuteronomio. Que nombre más sonoro: DEUTERONOMIO. No me negarán que suena mucho mejor que “La sombra del viento”, donde va a parar… Y tiene un aire como de insulto culto: ¡¡Deuteronomio!! Si ustedes le llaman Deuteronomio al primero que pasa por la calle fijo que le calza una hostia (sin consagrar, se entiende).
Pero volvamos al tema, que me estoy yendo. El que firma estas lineas puede presumir de haberse leido la Biblia de cabo a rabo y consultarla de vez en cuando; es una de mis novelas de ficción favoritas, lo que no me gusta es el final. No se lo voy a estropear, por si se lo quieren leer, pero al final mueren todos.
El caso es que siguiendo el ejemplo de nuestro muy agnóstico presidente (¿por qué le tiene la gente tanto miedo a la palabra Ateo?) voy a darle un repasillo al Deuteronomio.
En el mismo capítulo que cita Zapatero, el 24, se reconoce abiertamente, en el primer versículo, el derecho al divorcio:
Cuando alguno tomare mujer y se casare con ella, si no le agradare por haber hallado en ella alguna cosa indecente, le escribirá carta de divorcio, y se la entregará en su mano, y la despedirá de su casa.
Si, vale, solo pueden divorciarse los hombres, pero es divorcio, al fin y al cabo.
Pero la chicha está en el capítulo 21, donde da ideas para el desenlace del programa Generación Ni-Ni:
Si alguno tuviere un hijo contumaz y rebelde, que no obedeciere a la voz de su padre ni a la voz de su madre, y habiéndole castigado, no les obedeciere; entonces lo tomarán su padre y su madre, y lo sacarán ante los ancianos de su ciudad, y a la puerta del lugar donde viva; y dirán a los ancianos de la ciudad: Este nuestro hijo es contumaz y rebelde, no obedece a nuestra voz; es glotón y borracho. Entonces todos los hombres de su ciudad lo apedrearán, y morirá; así quitarás el mal de en medio de ti, y todo Israel oirá, y temerá.
Toma ya, con dos cojones. Estoy pensando en la reforma educativa que está preparando el Ministro y se me estan ocurriendo unas ideas…
Y este es el concepto de castidad del Deuteronomio y las instrucciones para aplicarlo:
Si hubiere una muchacha virgen desposada con alguno, y alguno la hallare en la ciudad, y se acostare con ella; entonces los sacaréis a ambos a la puerta de la ciudad, y los apedrearéis, y morirán;
Eso, por guarros. Y a ella por hijaputa: una tía, casada que es virgen (y por tanto tiene al marido pan y agua) que se acuesta con otro, no se merece menos que una pedrada.
Y hay muchas más perlas como estas, hojeen la biblia, es un buen libro. Sin embargo, me llama la atención que el Antiguo Testamento, un libro que fue escrito para decirles a unos pastores analfabetos y semi-nómadas de Asia Menor, cuatrocientos años antes de Cristo, como debían comportarse, sea tomado por personas supuestamente cultivadas como referencia para su comportamiento diario, o, mejor, como manual para juzgar a sus semejantes.